Cuando no hay motivo
Una vez más me sorprendo pensando en que puede ser. Por qué me siento triste, qué es lo que me impide disfrutar de la vida que tengo.
Me descubro sin fuerzas para tener una vida normal, me cuesta poder levantarme por las mañanas, salir y disfrutar del sol en la cara o el viento en mi pelo.
Me alegra ver que la naturaleza me sigue sorprendiendo cada vez que me obligo a disfrutarla un ratito, un instante, mi mente se olvida de quién soy y mira hacia el horizonte para ver todo lo que puede ofrecerme.
En los días en los que debo obligarme a disfrutar me desconsuela notar mi tristeza interna y darme cuenta de que no hay motivo para sentirme así me entristece aún más.
Es el pez que se muerde la cola.
Este texto forma parte de mi proceso de recuperación.
Escribo para entender qué pasa cuando no huyo,
cuando no bebo,
cuando me quedo.
La importancia de la rutina
Dormir 8h, hacer ejercicio físico, tener la mente ocupada, tomar el sol, medita, come sano, son algunas de las cosas que te recomiendan para tener estabilidad.
Es verdad, son cosas que a tu cuerpo le hacen bien y te ayudan a que tú energía sea más positiva y poco a poco te vayas encontrando mejor.
Pero que pasa cuando tú mente te traiciona y deja de ver todo lo positivo que todo ello conlleva y te boicotea de tal manera que no identificas en qué punto de dejadez estás?
Por más que te esfuerzas, te das cuenta que el cuerpo no responde como antes, ya no puedes salir a correr 4km porque todo te pesa, las piernas, la tripa. Dejas de pagar el gimnasio al que hace tres meses que no vas pero sigues pagando rigurosamente. Comes de forma compulsiva y en exceso cosas que sabes que no te hacen bien, te gustan si, pero no te sientan bien.
Lo sabes, y aun así lo haces y continuas en una forma de redundancia que a tu cuerpo le resulta cada vez más insostenible. Pero no puedes parar.
Sabes que la rutina es la solución, la única solución que tienes más a mano para poder salir del bucle.
Lo dejastes, pero fue un parón porque no podías con más, pero debes hacer algo para que tú día a día no sea tan pesado, para que los hombros estén más ligeros, para que caminar no pese tanto.
Tomar aire y llenar los pulmones cuando parecen estar cerrados, pero no, consigo llenarlos, ya es un principio. Podemos seguir a por más.
Poco a poco. La rutina ayudará.
Consciència de una misma
Los pensamientos van y vienen, aleatoriamente, sobre mi, sobre la adicción, la depresión, la ansiedad que todo ello me crea, necesito respirar.
Coger aire y sentir, que siento cuando mi mente está saturada, como me hace sentir que no tengo control sobre mi misma, las malas pasadas que me hago pasar. Como remediarlo.
Darte cuenta de que te sientes de esa manera requiere un gran trabajo. Conseguir diferenciar el sentimiento que te envade y tratar con el mismo para descubrirte a tí en un mundo que no entiendes, del que siempre procurabas escapar.
La adicción es eso, te escondía de tus propios sentimientos y tener que lidiar con ellos sobria es un camino costoso, doloroso, perturbador, pero completamente necesario.
Tener que descubrir quien eres en realidad y asumirla es complejo, pero llegar a ese punto es asimilar todo el camino recorrido y un trabajo bien hecho.
Sigue por ahí, sigue así.
La importanvia de darte voz
Vivo y sigo, camino, respiro, dejo que los rayos de sol invadan mi cuerpo.
Estoy tranquila, calmada.
Dentro de mi hay una cierta incomodidad que no llego a saber por qué. Me investigo, busco acceso a los archivos de mi memoria para intentar averiguar el por qué.
Buscas y encuentras recuerdos que te atormentaron en un momento de mi vida y piensas que eso ahora no puede ser, después de tanto tiempo, imposible.
Pero no, los sueños te intimidan trayéndote todos aquellos malos momentos a un lugar diferente donde tú no controlas el relato y te hacen verte aún más pequeña, más insignificante.
Cómo puede ser que me perturbe algo que nunca ha pasado? Pues porque sientes que puede pasarte en cualquier momento y aun no estás preparada para enfrentarte a ello.
La mujer en la que te has convertido se ha acostumbrado a esconderse tras el alcohol con el que hizo una armadura con la que podrías con todo y no te distes ni cuenta que tú primer trago estaba forjandola.
Tras todos esos momentos en los que tú cabeza se llena de momentos pasados y posibles futuros, de qué tus entrañas no saben como digerir todos tus sentimientos encontrados, de que no puedes seguir oyendo esa cantidad de cosas que tienes dentro.
Lo rompes. Empiezas a decir tú primer miedo en voz alta.
De lo cuentas al primero que piensas que sabe escucharte y te calmas. Ves que una vez lo sacas fuera no pesa tanto. Pero siguen en tu cabeza.
Entonces, te haces fuerte y lo cuentas donde debes, y lo que se te hacía tan grande, te daban tanto miedo empiezan a encogerse de tamaño, pero siguen ahí.
Vas descubriendo que según vas alzando la voz los ruidos van bajando su volumen. Y siguen ahí, pero están más bajos.
Alza tu voz para calmar tus miedos.
No dejes que se adueñen de ti.
Habla para sacar los ruidos. Fuera de tu cabeza tienen tanto miedo como tú.
Grita si hace falta. Habla, tu voz importa.
Pensamientos que hacen mal
No lo siento cuando me ocurre, simplemente siento que no puedo en mi, que mi cuerpo y mi alma pesan, entonces ocurre.
Los pensamientos vienen a la cabeza y te dicen los que todos no paran de deci: es cosa tuya, anímate, esas cosas nos pasan a todos y seguimos hacia adelante. Entonces....,que es lo que a mí me ocurre? Por qué yo no soy capaz de tirar hacia adelante?
Intentas con todas tus fuerzas levantarte y seguir, y consigues preparar la comida para el día de hoy, anda mira, pues no estoy tan mal, piensas, pero resulta que después tu cuerpo vuelve a ceder y caes en un sueño que no te deja levantar y arrastras ese día como puedes. Ya está, ya pasó.
Al día siguiente...,igual.
Y al otro....y otro más. Pero consigues levantarte y cocinar, ves? No estoy tan mal. Ese pensamiento se vuelve recurrente.
Y vuelve a venir a tu mente: por qué no consigo avanzar? Tengo que poder hacer más! Pero no, no puedo, mi cuerpo no puede o mi mente, no lo sé. Lo único cierto es que no puedo. Pero lo intento
Lo intento cada día. Consigo levantarme y cocinar. Pienso...,mañana intentaré hacer algo más. Si lo consigo, son dos días más bloqueada porque mi cuerpo o mi mente, nunca sé qué es lo que me sabates, ceden ante el esfuerzo y consigo hacer nada más.
Todo es agotador. No consigo concentrarme. Todo me importa poco o nada. Es apatía? Desinterés? Que es?
Los pensamientos terminan por agotarme más que la actividad física. Tengo que intentar no pensar, no sobre pensar, puedo hacerlo? Debo conseguirlo! Pero no puedo y mi cuerpo vuelve a ceder.
Hay veces que todo es demasiado. Simplemente eso, es demasiado, no puedo con ello. Hasta ahora podía pero ya no. Será así siempre? Cambiará algún día?
Seguiremos en el camino para intentarlo.
Seguiremos.
La importancia de ser sincero con uno mismo
No paro de dar vueltas a como me siento, a lo que pienso. Que me tiene así, que puedo cambiar y que debo dejar atrás.
Me engaño a mí misma pensando que todo va a ir bien cuando no es real? Algo falla y no lo veo, o lo tengo delante mis narices y cierro los ojos para no verlo?
Cuando empiezo a tener conversaciones conmigo misma sobre todo me asusto, me da miedo, tengo que ser consecuente con mi vida y no puedo, es ahí cuando me hago pequeña, cuando mi consciencia es consciente de mis limitaciones y de lo que puedo o estoy dispuesta a llegar a hacer para llegar a puerto.
Ese es mi problema, lo mismo lo he sabido siempre y lo he intentado tapar entre tantas capas de alcohol, analgésicos y sábanas donde esconderme.
Sé que no es lo mejor que puedo hacer en mi vida, puede que sea mi gran problema, no soy valiente, no me atrevo a dar el paso que tengo que hacer para solucionarlo, pero lo que me viene a la mente es todo lo que puede salir mal, no lo que puede salir bien. Por qué?!
Aunque intento encontrar el camino a seguir y voy dando pasos pequeños, avanzo, o eso creo. Voy muy despacio y no sé si podré aguantar la presión en mi mente, pero avanzo y sigo avanzando aunque sea de muy poco a poco.
Poco a poco, día a día. Es lo único que tengo, lo único que me ayuda.
Conseguir nombrar los sentimientos
Lo he escuchado muchas veces, en sesiones grupales e individuales: no generalices como te sientes, identifícalo, ponle nombre a eso que sientes, que sientes?
Dentro de la rabia, el enfado, la tristeza, etc, hay muchos otros sentimientos que son los que te hacen sentir así, y casi nunca los identificamos a primera vista, se esconden, estamos tan confundidas con las grandes emociones que no nos dejamos sentir las más pequeñas y son esas las que generan que las grandes nos arrastren
Por qué digo esto. Llevo años enfadada, triste, abrumada, agotada....no sabía distinguir bien que es lo que me hacía sentir así. De repente me invadió la apatía y ya todo se nublaba cada vez más. Es mi mente, soy so que no quiero simplificar las cosas, me decía una y otra vez para calmar la ansiedad que me consumía.
Hace dos días conseguí darle un nombre al sentimiento que más se ha esforzado en perturbarme los últimos años y por el que sentía muchas contradicciones en mi vida, en mi día a día. Me siento ATRAPADA, SIN SALIDA.
El alivio que sentí al darme cuenta de ello, bueno alivio, los sentimientos se mezclan ya que darte cuenta de algo tan feo es horrible, pero hay que empezar por saber qué es lo que te atormenta. Sentí alivio y liberación cuando conseguí hablarlo con la persona que debía hacerlo y no sentirme atacada por ello.
Aún no he solucionado el problema, pero ya estoy hablando de ello y me ayuda, me calma saber que puedo hacerlo. Y aún más saber que a partir de aquí he de tomar decisiones. Ser consciente de ello me ha dado fuerzas.
He de seguir por este camino, aunque las decisiones duelan, pero este es el camino.
Comienzo a vislumbrar, la niebla comienza a desvanecerse.
Toma de decisiones
Tomar decisiones, complicado cuando tú mente está totalmente abatruida y no tienes la capacidad de averiguar que es real y que ilusión, hasta donde llega la razón y empiezas a fantasear.
Qué debo hacer. Como empezar.
Mientras la mente da vueltas y vueltas y tú solo quieres encontrar la salida a ese bucle, resulta que hay una idea que no para de dar vueltas y viene a tu mente en repetidas ocasiones.
Haz el esfuerzo de detenerla y explorar el por qué esa idea en particular es la que más aparece.
Por qué es algo que viene de forma redundante a tu mente. Que es lo que te perturba de esa idea. Que fue lo quedo pendiente.
A lo largo del tiempo he descubierto que pagar esa idea y examinarla de forma exhaustiva, era algo que no me iba a dejar tranquila hasta que diera un paso fuera de mi fumigación constante.
Busqué y rebusqué que era lo que me hacía daño, que era lo que había dejado a un lado y no había vuelto a coger e incluso que fue lo que hice para que esa idea dejara de ser prioritaria para mí.
Encontré respuestas, fue una gran sorpresa para mí.
Encontré respuestas a esas preguntas y puse sobre la mesa todo lo que antes os he hablado y me di cuenta que me faltaba dar un paso para que esa idea dejara de dar vueltas en mi cabeza.
Tomar una decisión.
Busqué y encontré palabras a sentimientos que me estaban encogiendo, magullando, destrozando. No me gustó para nada los nombres que encontré para como me sentía, no me gustó darme cuenta que me sentía así, y mucho menos descubrir que no podía dejarlo ahí, debía seguir encontrando respuestas que iban viniendo de forma consecutiva a algo que me tenía encogida desde hacía tanto tiempo.
Y seguí. Seguí descubriendo y sorprendiéndome de lo que veía con tanta claridad.
Es lo que me habían estado explicando por tanto tiempo. TOMA DE DECISIONES.
Para mí sorpresa descubrí que no podía dejarlo así. Había que dar más pasos.
No sé cómo ni como vino pero se dió la circunstancia de poder hablarlo con la persona que debía hacerlo y fluyó.
Expresé en voz alta como me sentía, el porque me sentía de esa manera y que quería hacer o creía debía hacer para poder encontrar una cierta salida a mi oscuridad, y sabéis que? Una lucecita llegó a mi.
Sentí un rayo de luz dándome en la cara.
No hubo más deliberaciones ni goma de decisiones en ese momento, solo conseguí hablar de ello y sentí que se me tomaba en serio mis necesidades.
Fue la primera vez en mucho tiempo que me sentí escuchada sin dramatizaciones ni reproches y que después de hablar del tema no me culpaba por haber hablado más de la cuenta, sin razón o equivocada.
Mi mente estaba clara, limpia, no había intoxicación de ningún tipo. Solo mi decisión irrefutable de que era esto lo que YO QUERIA, y que si no podía ser así tendría que empezar a tomar decisiones.
Fue lo más claro que vi en mucho tiempo. Si está conversación no va por aquí tienes que tomar decisiones que pueden que no te gusten o que no sean cómodas pero te forzaran a moverte.
Ya estás mal, no puedes dejar tus sueños, tus querer hacer para más adelante. Tu cuerpo y tu mente ya están de modo que o te mueves o explotan.
Decidí moverme y entró de nuevo la esperanza en mi.
Hoy en día tengo claro que si no hay indulgencias por la otra parte, he de moverme.
Quedarme quieta en el mismo sitio es lo que me está hundiendo cada vez más.
Tomé la primera decisión y sentí subir un poco hacia la superficie, he de seguir.
Seguiré tomando decisiones.
Sé que me seguirá costando y que debo averiguar como seguir, pero no voy a parar.
No quiero parar.
Tomar decisiones, sentirme segura de mi misma. Lo echaba de menos.